Navratri, la lucha interior y la victoria de la luz


En la tradición hindú, Navratri (literalmente, «nueve noches») es una de las grandes celebraciones dedicadas a la energía divina femenina, la Shakti. Aunque existen varias Navratri a lo largo del año, la más conocida es Sharad Navratri, celebrada durante el otoño, normalmente entre septiembre y octubre. Durante nueve noches y diez días, millones de personas en India honran a la diosa Durga y a sus distintas manifestaciones mediante oración, ayuno, música, danza y rituales.
Uno de los relatos más asociados a la festividad es el combate entre Durga y Mahishasura, un poderoso demonio que, según la tradición, había llegado a ser prácticamente invencible. Los dioses reunieron entonces sus energías y de esa fuerza conjunta surgió Durga. Tras una larga lucha, la diosa derrotó a Mahishasura. Por ello, Navratri simboliza la victoria de la fuerza divina sobre aquello que amenaza el equilibrio y, de manera más amplia, el triunfo del bien sobre el mal.
Cada una de las nueve noches puede dedicarse a una de las nueve formas de Durga, conocidas como Navadurga. En ellas aparecen distintas cualidades de la divinidad femenina como son la fortaleza, disciplina, valor, protección, sabiduría, serenidad o plenitud espiritual. De este modo, la celebración no presenta a la diosa bajo una única apariencia, sino como una energía capaz de manifestarse de formas diferentes según aquello que deba ser protegido, transformado o aprendido.
Las formas de vivir Navratri cambian enormemente de una región de India a otra.
En Gujarat destacan el garba y el dandiya, danzas colectivas que llenan las noches de música, movimiento y color.
En Bengala Occidental, estas fechas coinciden con las grandes celebraciones de Durga Puja, con imágenes de la diosa, ofrendas y procesiones.
En otras regiones predominan los ayunos, las oraciones, las ceremonias en los templos o las representaciones de relatos tradicionales.
Esa diversidad convierte Navratri en una celebración religiosa y al mismo tiempo, en una importante expresión cultural y comunitaria.
Así, el ciclo culmina en Vijayadashami o Dussehra, el décimo día. Según las distintas tradiciones regionales, se recuerda la victoria de Durga sobre Mahishasura o la de Rama sobre Ravana, narrada en el Ramayana. En ambos casos permanece una misma idea simbólica, que aquello que representa el desorden, la ignorancia o la oscuridad termina siendo vencido.
Por eso, Navratri también admite una lectura interior. La batalla de la diosa puede contemplarse como una imagen de los propios conflictos humanos, como el miedo, el orgullo, el apego, la ira, la confusión o todo aquello que nos aleja de una vida más consciente.
La victoria no consistiría entonces solamente en derrotar a un enemigo exterior, sino también en reconocer y transformar esas fuerzas dentro de nosotros.
Durante nueve noches se atraviesa simbólicamente la oscuridad para llegar a un décimo día de victoria. Y quizá ahí se encuentre una de las enseñanzas más hermosas de Navratri, que la luz no siempre aparece evitando la oscuridad. A veces nace precisamente después de haberla atravesado.




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